24 de abril de 2010

Premios del Juego de la hermandad y mejores momentos JM/Xhex.

Se acabo el juego de La Hermandad...
Bueno, la version del primer semestre del 2010 por lo menos. El Team John no gano pero tal como dijo Pau, nos divertimos bastante, la verdad yo creo que esperemos a Lover Mine y ahi si vamos a ver quien gana jejeje (¿Competitiva?).
Bueno, primero quiero dar gracias a las chicas de Mas Que Vampiros por la fantastica idea, cuando vemos lo que dieron los otros grupos vemos porque ganaron, en realidad las imagenes y videos fueron fantasticos, ademas de divertirnos, creo que ayudo bastante a hacerme una idea en la cabeza como es el mundo de la Hermandad.
Ahora si (awww que emoción) quiero ser sincera, voy a imprimir este diploma y a colgarlo cerca a mi PC, de todos lo premios que han entregado a mi blog, la verdad este es el que más amo. Nuevamente gracias chicas!!!



En realidad mi aporte no fue muy visual porque tarde en enviar las imagenes :( Pero mi aporte fue la recopilación de LOS MEJORES MOMENTOS DE JOHN MATTHEW Y XHEX. Espero que disfruten el memorex porque ahora si nos llego Lover Mine :D

Amante Liberado. Libro 5.

**Primer encuentro**
No mucho después, una sacudida de reconocimiento lo recorrió, como si alguien hubiera dicho su nombre.
{...}
Se puso a mirar en serio, centrándose en la multitud que tenía delante. Había gente por todas partes, pero nadie en particular a su alrededor, y estaba a punto de decidir que estaba loco cuando vio a una extraña que conocía completamente.
La hembra estaba parada entre las sombras al final de la barra, el brillo rosa y azul de las botellas de licor que tenía detrás apenas la iluminaban. Alta y con la corpulencia de un hombre, tenía cabello negro muy corto y cara de no-me-jodas que anunciaba alto y claro que te metías con ella por tu cuenta y riesgo. Sus ojos eran letalmente inteligentes, serios para la lucha y... fijos en él.
Su cuerpo se volvió instantáneamente loco, como si alguien estuviera frotando su piel para darle mayor brillo mientras lo azotaba con algo de cinco por diez centímetros, al instante estaba sin aliento, mareado y sonrojado, pero por lo menos se olvidó del dolor de cabeza.
Dulce Jesús, estaba viniendo hacia él.
Su andar era poderoso y confiado, como si estuviera acechando a una presa, y hombres más corpulentos que ella se apartaron de su camino tan rápidos como ratones. Mientras se acercaba, recolocó torpemente su cazadora, intentando tener aspecto más masculino. Lo que era muy gracioso.
Su voz era profunda.
—Soy la jefa de seguridad de este club, y voy a tener que pedirte que vengas conmigo.
{...}
Cuando le apretó la tráquea con el antebrazo, él jadeó, lo cacheó. Su mano era rápida e impersonal mientras pasaba por su pecho y bajaba hasta sus caderas.
John cerró los ojos y tembló. Santa mierda, esto era excitante. Si hubiera sido capaz de tener una erección, estaba bastante seguro que ahora mismo estaría duro como un martillo.

El chico finalmente levantó el rostro hacia ella, y por alguna razón su brillante mirada azul la hizo sentir incómoda. Jesús… era viejo. Sus ojos eran los de un anciano, y quedó momentáneamente desconcertada.

Se detuvo con las manos en la barra de empuje y miró sobre su hombro. La jefa de seguridad estaba allí mirándole con sus inteligentes ojos. Estaba, una vez más, entre las sombras, un lugar que sospechaba prefería.
Un lugar que sospechaba que usaba a su conveniencia.
Mientras su cuerpo sentía un hormigueo de pies a cabeza, quiso pegarle un puñetazo a la pared, atravesar la puerta, romperle a alguien el labio superior.

Estaba pensando seriamente en desistir cuando una ráfaga de calor lo golpeó, salida de ninguna parte. Miró hacia el techo, preguntándose si estaba sentado bajo una rejilla de ventilación y la calefacción se acabara de encender.
No.
Echó un vistazo a su alrededor…
Oh, mierda. La jefa de seguridad estaba atravesando el cordón aterciopelado de la sección VIP.
{...}
En el instante en que sus ojos se encontraron apartó la mirada, con el rostro del color de un coche de bomberos. En un momento de pánico se convenció de que iba a saber lo que había hecho, más temprano esa tarde, mientras pensaba en ella. Iba a saber que él… se había corrido mientras la tenía en mente.
Maldita sea, sentía no tener una bebida para jugar con ella. Y una bolsa de hielo para las mejillas.

Amante Consagrado. Libro 6.

Tal vez Qhuinn tuviera razón al decir que John era víctima de la moda, pero vamos ¿a quién tenía que impresionar?
El nombre que estalló en su mente hizo que maldijera y que tuviera que acomodarse: Xhex.

Sin ninguna razón aparente, pensó en Xhex. Xhex era como una tormenta de truenos, hecha de matices de negro y gris acerado, poder controlado pero no menos letal debido al control. Cormia era como un día soleado con el aspecto de un arco iris lleno de luz y calidez.
Mientras subía hacia su habitación, iba cavilando si le gustaba más la tormenta o la luz del sol.
Luego se dio cuenta que no era libre de elegir a ninguna de las dos, así que en realidad no importaba.

A diferencia de la hembra de las fantasías de John, ésta punteaba bien alto en la escala femenina y sufría de un síndrome de Tourette pero relacionado con el cabello, una condición que se manifestaba en un incesante movimiento de cabeza y un impulso evidentemente irresistible de acariciar sus maravillosos rizos castaños. Pero se daba maña. De alguna manera se las arreglaba para manejar todo ese jugueteo con el cabello sin tropezar con ninguno de los exhibidores de camisetas.
Francamente, era algo impresionante. Aunque no necesariamente bueno.
Ahora bien, Xhex nunca…
Joder. ¿Por qué Xhex siempre era el modelo?

Además, si se iban a ZeroSum lo más rápido posible, tenía la esperanza de tener aún un buen par de horas para poder espiar a Xhex, y eso era…
Patético, en realidad.

Era obvio que el tipo ya no quería quedarse más tiempo allí, y John podía entenderlo perfectamente.
Diablos, podrían estar en el ZeroSum.
Donde trabajaba Xhex.
Cuando lo golpeó ese feliz pensamiento obsesivo, John deseó golpearse la cabeza contra el mostrador. Tío… claramente, la palabra patético tenía una nueva definición.
Y era J-O-H-N M-A-T-T-H-E-W.

—¿Disfrutaste del espectáculo, John Matthew? —dijo sin darse la vuelta.
Cuando miró sobre su hombro, se le atascó el aliento en la garganta. Los ojos de John brillaban en la oscuridad... el chico estaba mirándola fijamente con el tipo de decidida concentración que adquirían los machos cuando querían sexo. Sexo duro.
Santa... mierda. Lo que veía no era a un niñito.
Sin ser consciente de lo que estaba haciendo, se extendió hasta la mente de él con una pincelada de su naturaleza symphath. Estaba pensando en... él sobre una cama con sábanas enmarañadas, tenía la mano entre las piernas sobre una polla gigantesca, su mente visualizándola a ella mientras se m*sturbaba.
Lo había hecho muchas veces.
En ese crudo instante, no era ningún torpe jovencito que corta y huye. Era todo macho animal, enfrentándola de igual a igual.
Lo cual resultaba... oh, que la jodieran, eso no era atractivo. Realmente. No. Era. Atractivo.
Mierda.
Cuando levantó la mirada hacia él, pretendía decirle que fijara esas brillantes canicas azules en las mujeres humanas del club y la dejara a ella en paz. Pretendía decirle que ella estaba más allá de sus límites y que hiciera desaparecer su fantasía. Pretendía espantarle...
En vez de eso, dijo en un tono bajo.
—La próxima vez que pienses así en mí, pronuncia mi nombre mientras te corres. Hará que sea incluso mejor.
Cuando se inclinó de lado para abrir la puerta del club, le rozó el pecho con el hombro.
La áspera inspiración de él se demoró en su oído.
Cuando volvió al trabajo, se dijo a sí misma que su cuerpo estaba caliente por el esfuerzo que había efectuado arrastrando al cara de culo hasta la puerta.
No tenía absolutamente nada que ver con John Matthew.

Estaba junto a la barra.
Dios, el hecho de que pudiera manejar a un tío de dos veces su tamaño sin derramar una gota de sudor era excitante como el infierno.
El hecho de que no pareciera ofendida por que John hubiera fantaseado con ella era un alivio.
El hecho de que quisiera que pronunciara su nombre cuando se corría era... le hacía desear correrse en ese mismo instante.
Suponía que esto respondía a la pregunta acerca de si prefería un día soleado o una tormenta, ¿no? Y también le indicaba exactamente lo que iba a hacer en cuanto llegara a casa.

—Sabes, he visto el modo en que miras a Xhex.
John se puso rojo. Um...
—Es algo genial. Quiero decir, joder... ella es salvajemente ardiente. En parte porque es tan endemoniadamente aterradora. Pienso que podría hacerte comer tus propios dientes si te pasas de la línea. —Qhuinn se encogió de hombros—. Pero, ¿no has considerado que podrías querer comenzar con alguien que sea un poco… no sé, más suave?
Uno no puede elegir por quien quiere sentirse atraído...
—Amén.

—Te vi entrar aquí tambaleándote. Pensé en darme una vuelta para asegurarme de que estabas bien —sus ojos grises no vacilaron, y estaba dispuesto a apostar que nunca lo hacían. La hembra tenía la mirada como la de una estatua, directa e imperturbable.
Una estatua increíblemente sexy.
Quiero joderte, artículo, no preocupándose de estar haciendo el ridículo.
—No me digas.
Evidentemente, podía leer los labios. Era eso o leía pollas, porque Dios era testigo que la suya había levantado la mano y estaba saludando desde dentro de sus vaqueros.
Sí, te digo.
—Hay muchas mujeres en este club.
Tú eres la única.
—Pienso que estarías mejor con ellas.
Y yo pienso que estarías mejor conmigo.
¿De dónde demonios le venía la confianza? No le preocupaba. Tanto si Dios le había regalado algo de amor propio o si sólo se debía a estupidez nacida de la botella, él iba a aprovecharla.
De hecho, sé que es así.
Deliberadamente deslizó los pulgares bajo la cinturilla de sus vaqueros, y dio a los hijos de puta un lento tirón hacia arriba. Cuando su erección fue evidente como el revestimiento de una casa, ella bajó los ojos...
Ah, ya no nos parecemos tanto a una estatua, ¿eh? Pensó cuando la mirada no regresó a su rostro, sino que ardió con una ligera chispa.
{...}
—Mierda. Me tengo que ir.
John arrancó precipitadamente una toalla de papel del dispensador de pared, sacó un lapicero del bolsillo, y escribió unas descaradas palabras. Antes que ella pudiera salir, se acercó y le metió en la mano lo que había garabateado.
Ella se miró la mano.
—Quieres que lo lea ahora o más tarde.
Más tarde, artículo.
Cuando abrió la puerta de un empujón, estaba mucho más sobrio. Y una enorme sonrisa de «soy-el-mejor» cruzaba su rostro.

Cuando ya había comenzado a respirar mejor, el corazón estaba bajando el ritmo y el cerebro comenzaba a encenderse nuevamente algo asomó repentinamente a su mente, que revirtió la tendencia a la estabilización.
John Matthew.
John Matthew... ese bastardo. Por amor de Dios, él tenía, como ¿Qué? ¿Unos doce años? ¿Qué demonios se pensaba, tratando de seducirla?
{...}
Estirando la mano hacia el costado, acercó los pantalones de cuero y sacó la toalla de papel doblada que él le había dado. Al desplegarla, leyó lo que había escrito.
La próxima vez di mi nombre. Tu orgasmo será mucho más prolongado.
Gruñó y arrugó la maldita cosa. La mitad de su mente la instaba a levantarse y quemarla.
En cambio, deslizó la mano libre entre sus piernas.
{...}
No podía creer que estuviera teniendo esa fantasía. Y estaba molesta como el infierno con él por eso. Hubiera cortado con esa mierda de inmediato, de haber podido.
Pero lo único que hizo fue pronunciar su nombre.
Dos veces.

Amante Vengado. Libro 7.

Cómo habían cambiado las cosas. La primera vez que había aparecido por allí, era del tamaño de un taburete de la barra, apenas con suficiente músculo para partir un palillo para remover cócteles. Pero ese ya no era el caso.
Mientras ella saludaba con la cabeza a su gorila y subía los tres escalones, John Matthew alzó la mirada de su Corona. Incluso a través de la penumbra, sus profundos ojos azules brillaron cuando la vio, destellando como un juego de zafiros.
Hombre, podría pinchárselos.

Mientras abandonaba la sección VIP, pudo sentir los ojos de John Matthew en ella e intentó no pensar en lo que había hecho hacía dos amaneceres, al llegar a su casa... y lo que probablemente volvería a hacer cuando estuviera sola al final de la noche.
Puñetero John Matthew. Desde que se había colado en su cerebro y había visto lo que se hacía a sí mismo cada vez que pensaba en ella... ella había estado haciendo lo mismo.
Puñetero. John Matthew.
Como si ella necesitara esta mierda.

Apareció en la punta de la sección VIP, con el aspecto de un billón de dólares, al menos en su opinión: Cuando se inclinó hacia uno de los gorilas para que el tipo pudiera susurrarle al oído, su cuerpo estaba tan tenso que los músculos de su estómago se insinuaban a través de la camiseta sin mangas que le ajustaba como una segunda piel.
Hablando de removerse en el asiento. Ahora era él el que tenía problemas de posición.

Al atravesar el cordón de terciopelo, sus ojos fueron directos a la mesa de la Hermandad. John Matthew y sus compañeros no estaban allí, pero bueno, siendo tan temprano, estarían fuera cazando lessers. Los engullidores de cerveza Corona vendrían más tarde, si es que lo hacían.
No le importaba si John acudía.
Nada en absoluto.

Como si notara sus ojos sobre él, levantó la cabeza y los suyos de un azul profundo se encendieron. Supo a ciencia cierta lo que ella deseaba. Y dada la forma en que discretamente se reacomodó en los pantalones, estaba listo para ponerse a su servicio.
Xhex no pudo evitar torturarlos a ambos. Le envió una imagen mental, taladrándola directamente dentro de su cabeza: era de ellos dos en un baño privado, él estaba de pie, reclinándose hacia atrás sobre el lavabo, ella tenía un pie plantado en la encimera, su sexo estaba profundamente metido en el de ella y los dos estaban jadeando.
Mientras la miraba fijamente a través de la atestada habitación, la boca de John se abrió y el rubor que le cubrió las mejillas no tuvo nada que ver con el bochorno y todo que ver con el orgasmo que sin duda estaba latiendo dentro de su asta.
Dios, lo deseaba.

Después de que lo que había visto en su mente se desvaneció, la molestia del hormigueo que sentía en su piel empezó a esfumarse, pero su erección no pensaba aceptar el oh-bien-quizás-la-próxima-vez.
Dentro de sus vaqueros, tenía la polla dura, aprisionada detrás de la bragueta de botones.
Mierda, pensó John. Mierda. Sólo.... mierda.

—Sabes, realmente está interesada en ti —dijo Blay con un dejo de admiración—. Me refiero a que, yo pensaba que veníamos aquí sólo para que pudieras contemplarla. Pero no sabía que ella también te veía de esa forma.
John agachó la cabeza para ocultar las mejillas que sobrepasaban en mucho el rojo del cabello de Blay.

Lo justo era justo. Quería que dijera su nombre cuando llegara al orgasmo durante la masturbación.
Desde ese entonces se habían mantenido alejados en el club, pero malditamente juntos cuando estaban en sus camas… y sabía que había estado haciendo lo que le había pedido; podía decirlo por la forma en que lo miraba. Y el pequeño intercambio telepático de esta noche acerca de lo que ella pensaba que deberían estar haciendo en uno de los cuartos de baño, era la prueba fehaciente de que hasta ella seguía órdenes de vez en cuando.

Todavía estaba al lado de la puerta lateral, observándolo con los brazos cruzados y las botas plantadas firmemente en el suelo.
Los delicados copos que aterrizaban en su cabello corto y oscuro, y en sus hombros desnudos y fuertes, no la suavizaban ni un poco. No era un ángel haciéndole un favor por una simple razón. Era enigmática, peligrosa e impredecible.
Y él la amaba.

—Qhuinn, eres buena gente, lo sabes. Eres un buen amigo.
Le palmeó el hombro, y luego se dirigió hacia su oficina pensando que el Rey había hecho una elección inteligente con el ahstrux nohstrum de John. Qhuinn era un pervertido hijo de puta, pero un auténtico asesino, y le alegraba que fuera el que vigilaba a su chico.
Que vigilara a John Matthew, quiso decir.
Porque no era su chico. En lo más mínimo.

John esperó. Y esperó. Ninguno de los dos se movió.
Bien. Hora de largarse antes de portarse como un imbécil.
Comenzó a bajar las piernas de la cama, pero ella sacudió la cabeza.
—No, quédate donde estás.
Bieeeen. Pero eso quería decir que necesitaría algo de camuflaje.
Extendió la mano en busca de su chaqueta y arrastró el cuero hasta su regazo, porque su arma no era lo único que estaba listo para usarse. Como de costumbre, tenía una erección, lo que era habitual en la mierda de Despierta-despierta-levántate-y-brilla… así como un problema siempre que entraba en el radio de acción de ella.

La puerta se cerró y él se quedó boquiabierto.
¿Podría ser… que pasara?
Se alisó el cabello, se remetió la camisa, y acomodó su pene. El cual ya no sólo estaba duro, sino que también latía. Bajó la mirada hacia la longitud que se apretaba contra la cremallera de sus vaqueros A&F y trató de indicarle a la cosa que quizás ella fuera a quedarse, pero eso no quería decir necesariamente que tuviera interés en utilizar sus caderas para ejercitar la monta.

No podía respirar.
Ni siquiera cuando ella suspiró relajándose.
—No me tienes miedo —le dijo en voz baja.
Él negó con la cabeza a pesar de que ella no podía verlo.
—Eres duro.
Oh, Dios, pensó él. Sí, lo estaba.

Bueno, lo que pasa despues creo que nahhh!!! lean esta saga que en realidad es de lo mejor que hay, no se van a arrepentir y ps esperemos que pasa con ellos en Lover Mine xDDD.
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