21 de julio de 2010

Adelantos de Crave. Libro 2 de los Angeles Caidos.

Ya un poco más recuperadas luego de la descarga emocional que fue Lover Mine para todas las seguidoras de los libros de J.R Ward, al fin me siento preparada para darle la bienvenida a la segunda parte de la historia de Jim Heron, uno de mis angeles caidos favoritos :)

Eddie las tiene, Adrian las tiene... Jim también las debe de tener. Son de un color verdaderamente interesante. Son blancas, pero ¿alguna vez habéis visto cuando la luz recae sobre una superficie blanca y hay como un reflejo de arco iris? Pues son como eso. Como ese resplandor de arco iris.
Ward dice que es un poco chocante ver algo tan hermoso... unido a un tipo con una pistola en la mano.

Publicación: Octubre 5 (sin confirmar)

Sobre los protagonistas:


Él se llamará Isaac Rothe. Es un mestizo, un guerrero, un hijo de puta y un sociopata según palabras de la propia autora.
Ella se llamará Grier Childe. Ella es WASP (es decir, una niña bien: bonita, lista y educada), también es abogada, aunque Ward especifica que no tiene ningún palo metido en el culo.
Gracoas a http://angelescaidos-ward.blogspot.com/

Avance 1.

— ¿Estás loco?

— Sí. Demente —él la cogió y apuntaló su peso, manteniéndose cerca… lo suficientemente cerca como para que ella pudiese asestarle una buena si quería—. Voy a ser tu saco de boxeo, tu chaleco Kevlar, tu guardaespaldas… Haré cualquier cosa para ayudarte a conseguir esto.

— Estás loco —suspiró ella.

Cuando ella lo miró toda sonrojada y ardiente, el calor en la sangre de él aumentó… y los llevó a un territorio aún más peligroso.

Joder, ¿realmente necesitaba ponerse cachondo? Ahora no era el momento ni el lugar.

Así que, naturalmente, él le preguntó:

— Qué vas a hacer... ¿Quieres golpearme o besarme?»

Avance 2.

«Su mano enjabonada vagaba por donde no debía, yendo entre sus muslos y barriendo la parte inferior de su erección.

— Joder —apretó los dientes cuando deslizó la mano hacia abajo, la fricción se intensificó…

Se obligó a desviar esa maldita mano. Y terminó de lavarse el pelo tres veces en un intento por mantenerse ocupado. Llevando así el infierno fuera. Por supuesto, la mejor solución era salir de la privacidad y la calidez seductora de la ducha, pero no podía convencer a su cuerpo para que se dirigiese a la alfombra de baño.

Antes de darse cuenta, su erección estaba hacienda la cosa del imán-al-acero y la palma de su mano trataba de regresar a casa… y él abandonó la lucha.

Sucio. Lascivo. Cabrón.

Sin embargo, se sentía demasiado bien ese agarre que él imaginó de ella y esa sujeción, que se deslizaba y se enroscaba en la punta.

Además, ¿cuáles eran sus opciones? ¿tratar de ignorarlo? Sí, claro. Tiró de los pantalones del pijama, iba a ser un Barnum & Bayle obsceno –una tienda de campaña y algo más. Y tenía que ir a verla antes de que estallase.»
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