18 de mayo de 2010

Guia oficial de los Señores del Inframundo y prólogos de los 2 siguientes libros.

The Darkest Facts: Guia Oficial de los Señores del Inframundo.

Si algo he aprendido en el tiempo que llevo en esto es que si una saga es totalmente excitante y emocionante, como regla general debe tener su propia guia. Así que por esta razón Gena Showalter no podía quedarse atras con sus Señores del Inframundo. Si te gusto la serie, definitivamente no puedes perderte este "tras las ediciones" por no decir behind the scenes :)
Hoy además de descubrir que hay tras el inframundo, la guia tambien incluye la Antología Into the Dark.
Traducción gracias a Dream, Guardian Secrets y a DHL.

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Bueno, pero esto no acaba aquí. Gracias a las mismas chicas y al blog de JAM, encontre los prólogos de los dos siguientes libros de la Saga. (Nota persOnal: Amo las portadas de esta saga, de verdad)

LA PASIÓN MÁS OSCURA (AERON Y OLIVIA). 25 de Mayo.

Durante semanas, el guerrero inmortal Aeron ha sentido una invisible presencia femenina. Un ángel --un asesino de demonios-- ha sido enviado a matarle. ¿O era a ella? Olivia clama que cayó de los cielos, entregando su inmortalidad por que no podía soportar herirle. Pero la verdad -caída o no- Olivia supone un peligro para todos. Así que, ¿Cómo esta "mortal" con sus enormes ojos azules liberará la pasión oscura de Aeron?
Ahora, con un caliente enemigo a su estela y su adorada compañera demonio decidida a alejar a Olivia de su vida, Aeron está atrapado entre el deber y el consumible deseo. Peor aún, un nuevo ejecutor ha siendo enviado a hacer el trabajo que Olivia no pudo hacer...

PRÓLOGO.

Olivia gimió. Le palpitaban las sienes y sentía el cerebro como si lo hubiesen rociado de gasolina y le hubieran prendido fuego. No obstante, parpadeó abriendo los ojos, decidida a descubrir que estaba mal con ella; las lágrimas se formaron inmediatamente, ardiendo más calientes que su cabeza. Y ahora, cuando la comprensión se filtraba a través de ella, se dio cuenta de que sentía la boca como si hubiese sido rellenada con púas y algodón.
Se lamió los labios, confusa, preocupada.
—Eso es, Buena chica. —dijo Aeron. Aunque las palabras eran positivas, él sonaba hastiado. Incluso molesto. Y ruidoso—. Despierta. Vamos, Olivia. Puedes hacerlo.
—Silencio. —A través de una brumosa calina, se las ingenió para centrarse en él. Él se agachó a su lado, ambas manos extendidas. En una, descansaban dos pequeñas píldoras. En la otra había una taza con algo oscuro y tórrido—. Por favor.
—Necesito que tomes estas y bebas eso. —Al menos esta vez había susurrado.
Como un ángel, sus sentidos no habían sido acomodados a este plano y nunca había olido realmente lo que cocinaban o bebían los humanos o rociaban por todo su cuerpo. Pero ahora podía olerlo y ese líquido oscuro era divino. Igual que poder embotellado, prometiendo un fresco comienzo, quizás incluso una total sanación del cuerpo. Café, ella sabía que así lo llamaban los humanos. No le sorprendía que recorrieran largas distancias y que estuvieran dispuestos a entregar cada centavo en sus bolsillo por un simple trago de esto.
—¿Qué era eso? —se las arregló para carraspear, señalando las píldoras con un golpe de barbilla. ¡Error! El movimiento envió una ola de malestar a través de ella.
—Solo tómalas. Harán que te sientas mejor.
Esta vez, él no había susurrado y ella se cubrió los oídos.
—¿Tienes una voz interior? ¿Podrías utilizarla, por favor?
Él aferró las pastillas y le separó gentilmente las manos.
—Deja de jugar. No tenemos mucho tiempo.
—¡Shh! Háblale así a Livvy, y a ella no le importará aplastarte las cuerdas vocales si no bajas el tono. —¿Por qué deseaba de nuevo a este hombre?
—Arriba. Ahora.
Ella se incorporó cautelosamente y se frotó el sueño de los ojos. Su todavía ardiente cerebro casi estalló y ella gimió.
Aeron le dedicó un impaciente ceño. No, impaciente no. La emoción en ese ceño era oscura, sí, pero lo que él sentía era más duro. ¿Más necesitado? ¿Le había afectado que ella gimiera?
Ella quiso acicalarse. Se había atusado el pelo —solo para darse cuenta que la rizada masa caía en incontables enredos sobre sus hombros. Sus mejillas llamearon mientras tiraba hacia arriba de la capucha de su traje. O lo intentaba. Frunciendo el ceño, bajó la mirada. Un top azul, falda negra corta.
Por qué estaba —Su look de mujerzuela, recordó ella. Oh, claro. Pero eso no explicaba su dolor de cabeza. Sus pestañas se alzaron y ella se encontró con la penetrante mirada de Aeron.
—¿Fui herida?
Él bufó.
—Difícilmente. Bebiste demasiado, y ahora estás pagando las consecuencias.
Ese no era el único precio que estaba pagando. Un terrible recuerdo de la otra noche la inundó repentinamente.
Aeron alzó la mano a su boca.
—Tómate estas píldoras, pero no las mastiques. ¿Entendido? Trágalas completas.
Le temblaban los brazos cuando cogió las píldoras entre los dedos y se las llevó a la boca. Intentó tragarlas. Falló. Ugh. ¡El sabor! Su rostro se arrugó en repulsión.
—Bebe. Eso ayudará. —Él le sostuvo la humeante taza a los labios y la inclinó.
Olivia hizo una mueca. Mientras que el líquido olía maravillosamente, este sabía igual que una mezcla de ácido y suciedad. ¿Cuán delicada parecería si escupía todo sobre la cama?
—Traga. —ronqueó él mientras dejaba la taza a un lado.
Ella lo hizo. Apenas. Cuando dejó de estremecerse, lo fulminó con la mirada.
—¡No te atrevas a hacerme eso otra vez!
Él puso los ojos en blanco y se reclinó sobre sus caderas.
—Te lo hiciste tú misma cuando permitiste que Gideon que te emborrachara.
¿Cuántas veces iba a recordarle su estupidez?
—Ahora, necesito que te levantes. Livvie. Tenemos algo que hacer.
Ahora mismo lo único que ella quería era volver a la cama. De hecho, cayó de espaldas sobre el colchón y miró hacia el techo. Había un poster de una mujer en bikini, su piel dorada, sus mejillas rojas. El largo pelo rubio volando al viento. Olivia frunció el ceño, la confusión volviendo a ella.
Eso no había estado anteriormente en el dormitorio de Aeron.
Ella escaneó el resto de la habitación, pero no reconoció nada. Había un aparador color nuez con un jarrón de cristal que relucía por la luz que se filtraba a través de las cortinas, cuadros de flores de diferentes colores sobre las paredes y una preciosa alfombra beige en el suelo.
—No se parece a tu espacio. —dijo ella.
—Por qué no lo es.
Su ceño se intensificó.
—Así que… ¿De quién es?
—Tuyo. Te quedarás aquí con Gilly, en su cuarto de invitados. ¿Conoces a Gilly? —Él no le dio oportunidad de contestar—. Ambos Paris y William se han quedado antes aquí, de ahí el poster. De todas formas, tú te quedarás hasta que decidas volver a los cielos.
La comprensión la golpeó. Él estaba tan desesperado por deshacerse de ella, que la había traído a la ciudad mientras dormía. Oh, eso hería.
—¿Olivia?
Lucha más allá de tu dolor.
—Sí, conozco a Gilly, —dijo ella, su voz temblorosa—. Pero —continuó ella—, yo no voy a volver a los cielos.
La determinación brilló en los ojos de Aeron, pero todo lo que dijo fue:
—Hablaremos de eso después. Ahora mismo, como te dije, tenemos trabajo que hacer. Tienes tiempo para una ducha rápida, pero tendrá que ser una polivalente. Tengo preguntas para ti, así que hablaremos mientras te aseas.
Él no esperó por su respuesta, sino que la sacó y la cargó al cuarto de baño. No hubo tiempo para disfrutar la carrera. Él la bajó, apartando todo contacto, inclinándose y ocupándose de los grifos en la bañera. Tenía un bonito culo, observó ella, abrazado ajustadamente con sus vaqueros. Y por “bonito” quería decir “tan exquisito que se le encogió el estómago”
El agua caliente irrumpió de repente de la alcachofa, asustándola ante el inadvertido suceso ante sus ojos. Para el momento en que se dio cuenta de lo que había hecho —¡necesitaba más! —él ya se había enderezado.
Cuan decepcionante. O quizás no. Ese agua prometía fuerza, vitalidad y… sus párpados se cerraron a media asta. Diversión, ¿Una segunda ronda? Posiblemente. Su primera ducha, y Aeron sería un observador. Esperanzadamente, él no sería capaz de mirar sin tocar.
La mañana de repente estaba teniendo un mejor comienzo.
Él se volvió a ella y aunque él era tan alto como siempre, parecía más alto, más amenazador. Sus ojos brillaban con ese intenso violeta, sus tatuajes rígidos, y el pulso en su cuello martilleando salvajemente. Llevaba una camiseta negra y pantalones negros —ambos fácilmente desprendibles— y ella podía ver el abultamiento de las armas en su cintura y tobillos.
Tan hermoso, pensó ella, el corazón latiendo acelerado. Quería acariciarlo otra vez.
Quería pasear sus labios sobre todo su cuerpo.
Él tragó. ¿Había sentido la dirección de sus pensamientos?
—Sabes cómo ducharte, ¿verdad? Tú… desnud… —su voz quedó atascada en la palabra—… métete bajo el agua y enjabónate de la cabeza a los pies.
—¿Vas a unirte a mí? —Ella se quitó la camiseta por encima de la cabeza, dejando que el material flotara al suelo. Revelar su cuerpo debería haberla hecho sentir incómoda, suponía, pero quería que él la viera y la deseara, justo como lo hacía ella. Insoportable. Además se sentía confiada, agresiva, y ahora que sabía qué clase de placer podían darse el uno al otro, haría cualquier cosa, es decir cualquier cosa, para recibirlo—. ¿O solo vas a mirar?
—Si ese es el caso, puedes mirarme hacer esto. Ella se cubrió los pechos de la manera en que de repente se imagino que él los cubriría, incapaz de detenerse a si misma. Oh, sí. Eso se sentía bien.
Sus ojos se ampliaron, pareciendo engullirla, el aire en el baño cambiando. Cargado con electricidad.
—No hagas eso. —Ronco, estrangulado.
—¿Por qué no?
—Por que tú deidad debería ser recompensada por crearlo. —Él sacudió la cabeza, aunque su enangostada mirada no la dejó—. Quiero decir, porque yo… Maldita seas. Y maldito sea yo. Debería ser castigado. Esos pensamientos en mi mente…
¿Eran como los de ella?
—¿Aeron? —rogó ella.
—Yo solo acabo de darme cuenta de que nunca los besé. —Pronunció él con una voz áspera cargada de la misma electricidad que se contenía el aire—. Y dioses, mujer, eso es un crimen.
—Bésalos ahora. —Por favor.
—Sí. —Él se inclinó hacia ella, la cabeza bajando, las pupilas expandiéndose —y esta vez ella sabía que era más deseo que cólera.
Pero justo antes de tomar contacto, él se contuvo, enderezándose y gruñendo. Ella dejó escapar el aire que no sabía que había estado conteniendo. Él casi… Dulce Deidad. Realmente casi la había besado allí.
—Aeron. —El dolor de tal conocimiento evocado… Hazlo. No pares ahora.
—No —Él sabía que ella lo anhelaba, que lo necesitaba y todavía se lo negaba. ¡Bastardo!—. Lo harás sola. —Él pasó junto a ella y salió del cuarto de baño, cerrando la puerta de golpe detrás de él, dejando solamente una pequeña grieta de luz.
Tan cerca…
Ella podría haber gritado, su piel repentinamente demasiado tirante en su cuerpo. En vez de eso, se quitó el resto de las ropas y entró en la pila. En el momento en que la primera cascada la golpeó, deseó haber gritado. Cualquier cosa para borrar algo de la presión que se construía en su interior. La presión que le provocaban las suaves caricias del agua.
—No te oigo enjabonarte. —le espetó Aeron.
—Vete a la mierda, —le espetó de vuelta, una expresión que había oído utilizar a los humanos con aquellos que los irritaban. Y oh, Aeron la había irritado.
—¿Olivia? —¿Una advertencia?
—¡Lárgate, demonio! —Temblando, bombeó unos chorros del jabon con aroma a rosas en sus manos y finalmente empezó a asearse. Incluso eso la molestaba, duplicando la presión. ¿Cómo se había sacado él algo así de intenso de encima tan rápidamente? ¿Sin besarla?
—Distracción. Sí, eso era lo que ella necesitaba.
—¿Paris y William han utilizado este jabón? Y sí, ahora puedes hablar.
—No lo sé y no me importa. No deberías estar pensando en ellos. Más aún, yo soy el que hace las preguntas aquí. ¿Cómo sabes que fallamos en capturar ayer a Scarlet?
—Te lo dije. Se un montón de cosas que pueden ayudarte, pero tú no pareces estar en absoluto interesado en aprenderlas.
—Bueno, ahora estoy interesado, así que empieza a hablar. ¿Hay algún otro inmortal poseído por un demonio en la ciudad?
Confianza, se recordó a sí misma.
—¿Piensas que es así de fácil?
Agresiva.
—¿Tú ordenas y yo obedezco?
Una pausa, una vacilación.
—¿Qué quieres?
¡Alivio!
—Empezaremos con una disculpa.
—Yo… lo siento.
Ofrecida a regañadientes, que pago más encantador.
—No. —contestó ella finalmente—. No hay ninguna otros inmortales poseídos por un demonio en la ciudad.
—De acuerdo entonces. Necesito que me lleves a donde se está quedando Scarlet.
Otra exigencia, pronunciada con tal determinación… determinación que debía haberle parecido molesta más que atractiva.
—No, lo siento. No voy a hacer eso por ti. Además, ¿Por qué ahora estás tan impaciente por mi ayuda?
—Quiero que veas la clase de vida que llevo. Quiero que veas las luchas y la sangre y el dolor. Quiero que veas que no me importa nadie excepto mis amigos, y que heriré a cualquiera —cualquiera— que los amenace.
Cualquiera —¿Incluso Olivia? Adiós presión. Hola vacío. Habían sido sus frías y duras palabras más que efectivas que la amenaza.
—De acuerdo. —dijo Ella. Si quería pasar el resto de su vida mostrándole esas cosas, le dejaría hacerlo. ¡Y ella le devolvería el favor! Le mostraría exactamente que se estaba perdiendo si la dejaba. Igual que los pechos por los que debería ser “castigado” por ignorar.
Presión… peor que antes…
Respira, ella necesitaba respirar. Ella manipuló los grifos hasta que el agua se apagó, el aire a su alrededor la enfrió instantáneamente. Solo que, eso no sirvió para atender sus necesidades. Las pequeñas gotas explotaron sobre su empapada piel y ella gimió. No más.
—¿Lista? —le preguntó él.
Ella se tensó.
—Yo —yo solo—
—Olivia, creo que mencioné que estoy corto de tiempo.
Cierto. No estaría vivo durante mucho más.
El recordatorio la calmó, enfriando su deseo como el aire no lo había hecho. Ella había creído aceptar su inminente muerte. ¿Pero nueve —demasiado cortos días? Eso era difícilmente tiempo suficiente para experimentar todo lo que quería experimentar con él. Especialmente con lo obstinado que era él.
Tendrás que hacer que sea suficiente.
—De acuerdo. —dijo ella con un suspiro, y salió del plato. Ir con él ahora debería también garantizarle más tiempo juntos. Y ella suponía que nunca lo torturaría con lo que nunca tendría, pensó amargamente, odiando abandonar tan dulce venganza. Ella supuso que le habría ofrecido sus pechos —e incluso todo lo que él quisiera— sin resistencia.
Entre los ofrecimientos, ella podría proteger a Aeron, como había jurado hacer, de cualquier persona o cosa que le amenazara.
—¿Va todo bien? —preguntó él, confundido.
Había un cepillo de dientes sobre el borde de la ducha, junto con un tubo de pasta de dientes de menta. Habiendo visto a los humanos llevar a cabo esa tarea mil veces, sabía qué hacer y se las arregló para cepillarse los dientes sin incidentes.
—De acuerdo, te enseñaré donde vive Scarlet.
Con los dientes frescos y limpios, agarró el cepillo del mostrador. Las cerdas le cogieron varios nudos, haciendo una mueca, no se detuvo hasta que su pelo quedó liso.
—¿Qué te hizo cambiar de idea? —La sospecha goteaba en cada palabra.
—Discutir contigo es una pérdida valiosa de tiempo. —Verdad, si en algo lo engañaba.
—Una hembra racional. ¿Quién lo habría supuesto?
Ella tiró el cepillo a la pila.
—Un insensible hombre que no conseguirá un beso si continúa por ese camino. —Otra vez, la verdad. Y asombrosa. Ese vengativo lado de ella… le gustaba.
El silencio la saludó. ¿Quería decir eso que él ansiaba otro beso? A pesar de su nueva afinidad por atormentarlo, intentó no esperar con demasiada intensidad.
—¿Quieres saber cómo capturar a Scarlet o no?
—Lo siento. —murmuró él—. Sí. Quiero saberlo.
Ella luchó con una sonrisa. Otra disculpa. Solo a regañadientes, pero igual de dulce.
—Aquí está lo que yo sé. A causa de que está poseída por Pesadilla, se ha estado debilitando durante las horas diurnas. En ese aspecto es como los vampiros. Duerme durante el día, su cuerpo es demasiado frágil incluso para caminar.
Aeron se tomó un momento para absorber lo que ella estaba diciendo.
—La capturaremos hoy, entonces, mientras está durmiendo.
—¿Por qué la urgencia? ¿Y qué planeáis hacer con ella?
—Queremos hacerle algunas preguntas a Scarlet, evitar que ella ayude a los Cazadores.
—Podía haberte dicho que estaban en la ciudad, pero te negaste a escucharme.
—Lo sé, lo sé, y también me disculpo por eso.
Otra disculpa suya. El hombre merecía una recompensa.
—Gracias por la información, —le dijo con rudeza.
—De nada. —Empújalo. Siéntete confiada. Sé agresiva. Demuéstrale que te necesita para más respuestas como esas.
—Acepto el pago en forma de besos. Y de todas formas, creo que yo te debo dos. Te disculpaste por tu insensibilidad después de todo.
Aeron se aclaró la garganta.
—Sí, bueno, nunca dije que te pagaría. O aceptaría el pago. Nosotros, uh, dejémoslo así.
Hombre decepcionante.
—Solo déjame —Olivia echó un vistazo a la toalla. Si lo hacía, se estaría ofreciendo, y ella nunca se había ofrecido realmente.
Se mordió el labio. A los hombres les gustaban las mujeres desnudas. Los hombres tenían problemas resistiendo mujeres desnudas. Así que nada de toalla, musitó ella, casi tarareando con anticipación.
—No importa. —dijo ella con voz gutural—. Estoy lista.
Arqueando la espalda para levantar el pecho —a él le gustaban sus pechos— agarró el pomo de la puerta y la abrió completamente. Confianza. Aeron estaba inclinado contra la pared y le daba la espalda. Los brazos cruzados sobre el pecho. Desafortunadamente, él todavía estaba vestido. Se agresiva. Solo tenían que cambiar eso.
Desnuda y mojada, caminó frente a él, su corazón latiendo más fuerte y más rápido que cuando ella había considerado acariciarse a sí misma. Cuando le echó un vistazo, se quedó con la boca abierta. Las ventanas de su nariz se dilataron. Sus pupilas prácticamente estallaron, los irises violeta completamente oscurecidos.
Olivia casi gimió. Bien, bien. A Aeron le gustaba mirar a una mujer desnuda.
—¿Qué piensas de mi equipamiento? —preguntó ella, girándose.
Estrangulados sonidos salieron de su boca.
Ella quizás no volviera a llevar nunca ropas.
—Ahora soy humana y los humanos siempre exigen pago por sus servicios. —¿Podía él oír la excitación y el nerviosismo en su voz?—. Así que, si quieres más información de mí —y créeme, tengo mucha que ofrecer— tendrás que ganártela.
—¿Cómo? —La palabra fue un gruñido —pero ese gruñido no estaba bordeado con cólera—. ¿Con esos besos que mencionaste?
—Eso era el honorario de hace cinco minutos, y tú te negaste a pagar. Por lo tanto, mi precio ahora ha subido. Si quieres saber todo los demás, tendrás que calentarme con tu cuerpo. Estoy fría. —Estoy tan caliente, estoy en llamas.
El tragó saliva. Enderezándose. Su respiración se hizo entrecortada, baja…
—No… no hay tiempo.
—Haz tiempo. —dijo ella y cerró la distancia entre ellos…


LA MENTIRA MÁS OSCURA (GIDEON Y SCARLET) 29 de Junio.
*No puedo esperar XD*

Obligado a arrodillarse en agonía siempre que dice la verdad, Gideon puede reconocer cualquier mentira - hasta que él captura a Escarlata, una inmortal poseída por un demonio quien reclama ser su esposa perdida hace tiempo. Él no recuerda a la hermosa mujer, mucho menos su boda - o acostarse con ella. Pero él quiere ... casi tanto como él la quiere a ella.
Pero Scarlet es poseedor de las pesadillas, demasiado peligrosa para vagar libre, y un futuro con ella significa arriesgarlo todo. Sobre todo porque los enemigos de Gideon se acercan ... y la verdad amenaza con destruir todo que él ha llegado amar.

PRÓLOGO

Gideon contempló a la mujer dormida sobre la cama de suave algodón azul cielo.
Su esposa.
Quizás.
El teñido cabello rodeando una cara innatamente sensual, largas pestañas proyectando sobras sobre sus graciosas mejillas. Una de sus manos descansaba contra su sien, sus dedos curvados hacia dentro, sus uñas pintadas de azul brillaban en el dorado fulgor de la lámpara. Su nariz era perfecta en forma y tamaño, su barbilla obstinada y sus labios los más llenos –y rojos- que había visto jamás.
Y su cuerpo… dioses. Quizás esas curvas hechas para el pecado eran la razón de que llevara el nombre de Scarlet. Sus hechiceros y redondos pechos… la delgada inmersión de su cintura… la femenina llama de sus caderas… la longitud de sus torneadas piernas… cada parte de ella hechas para engatusar, engañar.
Sin duda, ella era la hembra más atónitamente encantadora que había visto jamás. Un genuino y hermoso sueño. Solo, que esta belleza lo volvería de cabeza si se atrevía a besarla despierta.
El pensamiento le hizo sonreir de pura satisfacción masculina.
Una mirada, y un sombre sabía que ella era pasión y fuego bajo esa piel blanca como la nueve. Lo que la mayoría de los hombres no sabían, sin embargo, era qué, al igual que Gideon, ella estaba poseída por un demonio.
La diferencia es, que yo me merecía el mío. Ella no.
Hacía bastante tiempo, él había ayudado a sus amigos a robar y abrir la caja de Pandora, liberando el mal en su interior. Sí, sí. Un error. Apenas digno de pensárselo dos veces, si le pedías su opinión, pero los dioses no lo habían hecho, así que, como castigo, cada guerrero responsable fue maldito a hospedar un demonio en el interior de su propio cuerpo –maldades tales como Muerte, Desastre, Violencia, enfermedad, etc, etc.
Sin embargo, había habido más demonios que guerreros, así que los restantes habían sido introducidos en el interior de los presos inmortales del Tartaro. Donde Scarlet había residido toda su vida.
Gideon estaba emparejado con Mentiras, Scarlet con Pesadillas.
Claramente, él había conseguido atar en corto a ese picajoso demonio. Ella simplemente dormía como los muertos e invadía los sueños de la gente. Él no podía pronunciar una simple verdad sin sufrir. El decirle a una hermosa mujer que era preciosa caía de rodillas, agonía como ninguna otra atravesándolo, cortándole los órganos, como ácido derramándose por su sangre, drenando su fuerza, incluso erosionando su deseo de vivir.
“Eres fea”, tendría que decir en cambio. La mayoría de las mujeres estallarían en lágrimas y se alejarían corriendo como si las persiguiera el diablo. Así que, sí, él era inmune a las lágrimas.
¿Pero lo sería a las de Scarlet? Se encontró preguntándose a si mismo. ¿Y sus lágrimas lo incomodarían?
Él se estiró y trazó con la punta del dedo la curva de su mandíbula. Una piel tan sedosa, cálida. ¿Se reiría ella de él, sin preocuparse? ¿Intentaría rebanarle la garganta? ¿Creería en él? ¿La llamaría mentiroso?
¿O le patearía el culo igual que todas las otras?
El pensamiento de herirla, molestarla y finalmente perderla no le sentaba demasiado bien.
Dejó caer los brazos a los lados, apretando las manos en puños. Quizás le diga la verdad. Quizás le ruegue. Pero sabía que no lo haría.
Incurriste en ese error una vez, bien. Eras estúpido. Hazlo por segunda vez, y estarás probando la teoría de Darwin.
Él ya lo había hecho una vez.
Los más grandes enemigos de Gideon, los Cazadores, le habían capturado y le habían dicho que habían matado a Sabin, el Guardian del demonio de la Duda. Ahora, Gideon amaba a ese hombre como a un hermano –el chico podía putear como nadie- así que había saltado, gritándole lo mucho que los odiaba, diciéndoles que iba a matarlos a todos, y había sido la honesta verdad por los dioses, cada palabra de ellas. Aunque quizás le llevara años, siglos, el ver cumplida esa promesa, no le importaba. Había creído en cada palabra y había sido castigado por eso, con instantánea angustia.
Después de eso, encogido sobre el suelo e impotente, había sido un blanco fácil para torturar. Y los Cazadores lo habían torturado. Repetidamente.
Después de golpearle tan seriamente que sus ojos habían permanecido cerrados de lo hinchados que estaban y le habían saltado varios dientes, después de clavarle pinchos debajo de las uñas, electrocutarle, y gravarle la marca del infinito en la espalda, su marca, le habían amputado las manos. Él había pensado realmente que había llegado a su fin. Hasta que un muy vivo Sabin lo encontró, lo rescató y lo llevó a casa (después de masacrar a esos hijos de puta).
Afortunadamente, sus manos se habían regenerado finalmente. Algo por lo que había estado esperando. Muy… pacientemente. De modo que podría buscar venganza, sí. O al menos, así había sido al principio. Pero entonces sus amigos habían atrapado a esta mujer, esta Scarlet –y ella había proclamado que ellos eran marido y mujer.
Sus prioridades habían cambiado un poco.
El no la recordaba, mucho menos casarse con ella. Pero había visto flases de su rostro durante todos esos miles de años –mayormente cuando se derrumbaba encima de una mujer, sudando pero no verdaderamente repleto porque estaba demasiado lleno de algo o alguien, que no había sido capaz de nombrar. Por lo tanto, él no había podido negar completamente su reclamo. Y necesitaba negarla. Probar que estaba equivocada.
De otra manera, tendría que vivir con el conocimiento de que había abandonado a una mujer a la que había prometido proteger. Tendría que vivir con el conocimiento de que había dormido con otras mujeres mientras su esposa estaba sufriendo.
Tendría que vivir con el conocimiento de que alguien había jodido con sus recuerdos.
Claro, él le había exigido a Scarlet una explicación, pero ella era obstinada hasta la médula y se había negado a decirle nada más. Igual a como se conocieron, donde se conocieron, si se habían amado, si eran felices. Cuanto se habían separado.
Para ser honesto, él no podía culparla por mantener los detalles en secreto. ¿Cómo podía? Ella había sido tan prisionera de los Señores como lo había sido él recientemente de los Cazadores, y él tampoco había hablado con sus captores. Incluso durante ese oh, tan agradable extracción de manos.
Así que, tendría que ocurrírsele un plan. Para que Scarlet se abriera a él, tendría que llevarla a algún otro lugar. Solo durante un ratito. Solo hasta que tuviera respuestas. Entonces, esta mañana, había hecho justamente eso. Mientras su supuesta esposa dormía, inconsciente del mundo que la rodeaba, la había secuestrado de su propia casa y la había llevado al estilo bombero a ese hotel en el centro de Budapest.
Finalmente, tendría todo lo que quería.
Todo lo que ella tenía que hacer era despertar

Sin fecha EL SECRETO MÁS OSCURO
La historia de Amon
Sin fecha LA RENDICÓN MÁS OSCURA
La historia de Stryder
Actualmente Gena está trabajando en el libro de Stryder
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1 comentarios :

Anónimo dijo...

ME ENCANTA LA SERIE Y ESTOY ESPERANDO EL LIBRO DE PARIS HAY QUE VER EN QUE TERMINAN SIENNA Y EL .....